A Onix, la única.
"¡Chicos! mañana llega padre y esta vez se quedará tres meses de vacaciones.
Me pidió que os diga
que os trae una sorpresa que marcará vuestras vidas."
Mi hermano y yo nos miramos y esbozamos una sonrisa, "el viejo" siempre nos sorprendía
cuando
llegaba de la mar (era jefe de máquinas de un congelador y se pasaba 9 meses fuera de casa)
Ahora trabajaba en Suráfrica y mi hermano Alfonso dijo: "ya sé, nos trae un negrito",
mi madre sonreía y yo la interrogué pero no soltó prenda. Por aquella época tenía 26 años y mi hermano 21,
yo estaba estudiando náutica para seguir la tradición familiar.
Y llegó la hora, apareció el taxi con padre cargado de bultos, traía dos jaulones bastante grandes
y Alfonso dijo: "¡Manuel! deben ser dos leones". Pero de aquellas jaulas salieron dos perros
de color negro fuego, con las orejas de punta y una mirada que infundía respeto.
Padre nos dijo que eran unos perros muy populares en Suráfrica, que tenían cinco meses
y eran de raza Dobermann, a nosotros nos sonó a chino pero pronto los canes se acercaron a lamernos,
a subirse con sus patas y a jugar con nosotros, en aquel momento sentí como
algo parecido a una descarga eléctrica recorría mi cuerpo hasta penetrar en mi corazón.
La niña Onix, el nene Anxo, él maravilloso durante sus 14 años de vida,
papá de increíble prole y guardián insobornable; a Onix la llevo grabada a fuego en mi pecho,
se fue a los 15 años al lugar donde jamás dejará entrar a nadie que no lleve buenas intenciones,
te sigo adorando Onix y estas letras no te las escribo con tinta,
voy mojando la pluma en lágrimas que corren por mis mejillas.
A veces siento un silencio pleno de ausencias, otras veces mi corazón está tan frío como la nieve al amanecer
y entonces cierro los ojos por unos instantes, te veo Onix... y todo pasa.

De Denís a Onix.
Mi cuna fue una gamela, mecida en ondas de mar.
Mis nanas eran tormentas y el sonido de la mar.
Mis juguetes las conchillas y caballitos de mar.
Paseaba por la playa y aún no sabía nadar,
prero mis padres sabían que nada podía pasar,
pues siempre estabas conmigo vigilando mi estar.
Me enseñaste tantas cosas, me enseñaste a respetar,
a confiar, a reir, a soñar y a veces a llorar.
Siempre te llevaré conmigo Onix, y sé que estás esperando
y cuando llegue el momento ni te imaginas cómo te voy a abrazar.